CUANDO EL ALMA DE UNA MUJER DUELE

Septiembre 2019

SÉ CÓMO TE SIENTES, TAMBIÉN ME TOCÓ PASAR POR ESO…

Entiendo lo que es sentirse el ser más pequeño, insignificante y patético de la humanidad, dando pena con su dolor sin poder ponerse de pie y andar el camino.

Sé lo que es sentir ese dolor en partes del cuerpo que ni siquiera sabías que tenías, da igual cuántas veces te cambies de peinado, o a cuantos gimnasios te apuntes o cuantos vasos de vino te tomes con aquella amiga o cuanto estudio tengas de por medio, porque sigues acostándote todas las noches repasando todos los detalles y preguntándote qué hice mal o qué pudiste mal interpretar, y cómo en ese breve instante pudiste pensar que eras tan feliz; a veces, incluso logras convencerte que él era la luz y se presentará en tu casa…

Cuando tu alma se desgarra en pedazos no la sientes en tu cuerpo, es como si anduviera perdida a causa de ese dolor tan hondo, deambulando pidiendo auxilio, lo notas e intentas que regrese a ti una y otra vez, te desesperas y te llenas de desesperanza llegas a pensar que por mucho que lo intentes no regresará a ti y te quedarás así con esa sensación de incompleta para siempre. Sientes dolor en partes del cuerpo que ni siquiera sabías que tenías, tu respiración entrecortada, te sientes tan agotada que lo único que quieres es tu cama, estar en pijama, lloras de día y de noche en cada rincón del espacio, sientes miedo al llegar la noche porque literalmente no duermes, hay tanta resistencia en tu cuerpo que llegas a bloquear aquella pastilla que podía hacer dormir pero a ti no te funciona; entonces te empiezas a sentir fallada, debilitada por tus pensamientos que inevitablemente repasas una y otra vez las diversas escenas de lo que te ocurrió intentando hallar la respuesta, aquella que pueda ayudarte a encontrar la salida y miras todo lo externo a ti porque internamente ya no te puedes ni mirar ante tal magnitud de dolor que te consume, todo tu cuerpo se comprime pierdes peso por la inapetencia y el desgano. 

Hablas con Dios y te diriges a la vida tratando de entender qué es lo que te está pasando, reclamas y gritas con la poca fuerza que sientes pidiendo respuestas, ese dolor punzante en el pecho te despierta en sobre saltos, y así día a día vas perdiendo el sentido de la vida, entonces suplicas ¡ayúdame o llévame! Porque ya no resisto tanto dolor en este agujero del que no hay puerta de salida, para qué despierto Señor si me han golpeado y humillado en mi mayor fragilidad, cuando tanto te pedí que aquello no me pasara porque no lo resistiría, una parte de mi alma murió aquel día.

Te cuestionas y reclamas cómo puede existir tanto dolor en ti si se trata de algo que la mayoría ha superado: Una persona te engañó e ilusionó y por más que intentaste apelar a la honestidad elegía no darla, eligió burlarse de tu inocencia, ingenuidad y confianza, en tu falta de experiencia en la vida, sientes que te arrebataron la sonrisa y llenó de lágrimas tu corazón atrapada en mentiras y esperanzas inconscientes, te utilizó en su egoísmo con manipulaciones, poniendo duda y culpa en tu corazón para mantenerte consigo, se trataba de un lobo disfrazado de cordero.

De pronto, después de todas tus creencias y victimismo en tus pensamientos, te detienes y algo en ti enciende una pregunta: ¿DE DÓNDE VIENE TODO ESTO?

Si me recuerdo con fuerza y alegría que contagiaba de optimismo y energía… aunque esa situación dure mucho tiempo, la vida va regalándote tus propias respuestas, Dios atiende lo que le pides desde tu corazón, vas a un lugar nuevo y conoces a gente que te contagia de su amor propio, te vas reconectando contigo misma y vas recomponiendo tu alma pedazo a pedazo caminando con el corazón por delante porque se trataba de heridas profundas que era tu responsabilidad mirar para reconocer, reconciliar e integrar, aquella era la invitación de la vida PARA ALGO MAYOR A TI.

Y toda esa época difusa, esos años de tu vida que has sobrevivido empieza por fin a desvanecerse, eliges la vida y el amor.